lunes, 7 de noviembre de 2011

Consciencia.




Sumido en la somnolencia de mi locura recuerdo el tacto de la soledad, agonizante ya de un pasado cargado de penurias que hacen sangrar a mi maltratada psique. Recorro las paginas de mi historia como si de una novela mala se tratara, de esas que les falta el toque de magia de los sueños y son sumidas en la monotonía. Ahora intento reescribir una historia que se queda parca en palabras.
Que no avanza y se sume en un bucle de oscuridad desgarradora, de ese tipo de oscuridad del que tienes miedo por las noches, una oscuridad acechante y amenazadora, oscuridad silenciosa que repta por mi piel y lucha por apoderarse de mis sentidos, cegandolos...durmiendolos... dejandome a solas con mi consciencia, esa vieja amiga que vuelve a mi en momentos como estos, en los cuales sabe que
la necesito, que necesito de su frio abrazo y de su embriagadora presencia, que calma mi alma y refresca mi mente. Que me ayuda a inponerme a los hados del destino, ese destino que me han intentado arrebatar. Mi consciencia me vuelve fuerte, me hace conocedor de mi reino y de mi hogar y me recuerda que como yo hay pocos y que en este mundo ensordecido por el eco de la desidia solo unos pocos brillamos con la luz de la curiosidad y con la ya casi inedita capacidad de aprender de los errores.

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