lunes, 28 de noviembre de 2011

Invierno





Ya tocan sus alas de hielo el frio invierno, cubriendo con un manto escarchado las viejas preocupaciones del cansado guerrero. Todo se vuelve frío y gris sanando las heridas creadas por el tiempo, atento y recreandose en el frescor de noches lluviosas y oscuros tormentos. Esperando en una fría calle, bañado por la lluvia y rodeado de oscuridad vuelve a ver el cansado guerrero como en este mundo todavía queda algo de la magia de antaño que él hasta entonces creía perdida. Se descubre a si mismo regocijándose en la contemplacíon de la lluvia creando riachuelos por su frente, empapando su pelo y y escribiendo poemas en el lienzo de su piel escondida bajo capas de tela. Escucha paciente como cada arbol entona sutiles melodías como si la brisa fuera musico y él, del más fino cristal instrumento, breves tonos y notas me acunan cuando ya tocan sus alas de hielo el frío invierno, cubriendo con un manto escarchado las viejas preocupaciones del cansado guerrero...

lunes, 7 de noviembre de 2011

Consciencia.




Sumido en la somnolencia de mi locura recuerdo el tacto de la soledad, agonizante ya de un pasado cargado de penurias que hacen sangrar a mi maltratada psique. Recorro las paginas de mi historia como si de una novela mala se tratara, de esas que les falta el toque de magia de los sueños y son sumidas en la monotonía. Ahora intento reescribir una historia que se queda parca en palabras.
Que no avanza y se sume en un bucle de oscuridad desgarradora, de ese tipo de oscuridad del que tienes miedo por las noches, una oscuridad acechante y amenazadora, oscuridad silenciosa que repta por mi piel y lucha por apoderarse de mis sentidos, cegandolos...durmiendolos... dejandome a solas con mi consciencia, esa vieja amiga que vuelve a mi en momentos como estos, en los cuales sabe que
la necesito, que necesito de su frio abrazo y de su embriagadora presencia, que calma mi alma y refresca mi mente. Que me ayuda a inponerme a los hados del destino, ese destino que me han intentado arrebatar. Mi consciencia me vuelve fuerte, me hace conocedor de mi reino y de mi hogar y me recuerda que como yo hay pocos y que en este mundo ensordecido por el eco de la desidia solo unos pocos brillamos con la luz de la curiosidad y con la ya casi inedita capacidad de aprender de los errores.