lunes, 21 de febrero de 2011

Juegos de dioses

Una dulce melodía invade la maloliente taberna en la que me encuentro estancado, el olor a hierba recién cortada y a Lirios floreciendo bajo el Sol de la mañana, cargados del rocío nocturno como perlas del más fino cristal en los labios de una mujer.

Suenan melancólicas notas que me transportan a los momentos en los que recorría el basto mundo en busca de aventuras, guerras, duelos, masacres... Ese es el destino de un joven idealista que avanza por los caminos con su espada al hombro, desde luego fueron tiempos mejores. Mujeres, alcohol y diversiones baratas eran el pan de cada día de un héroe de guerra como yo, simplemente es otra manera de llamar a un asesino a quien le conviene. Un laúd despunta con un incansable punteo vivaz, un violín añada toques embriagadores a la melodía mientras que el arpa simplemente adormece mi alma cansada. Cientos de infames criaturas darían su inmortalidad solo por poder arañar aunque fuera el dobladillo de mis pantalones y no es por simple capricho, me he ganado el título de demonio a pulso.

Aun así me cuesta imaginarme no siendo de otra forma, mi espada todavía pende de mi cinturón y llevo dos cuchillos y una daga escondidos entre los pliegues de mi capa. Tengo dos anillos de los cuales se puede extender una aguja con un veneno neurológico por si no me apetece luchar, puedo partir la columna vertebral de un hombre de 140 kilos con mis manos desnudas y aun así me siento indefenso ante esta oscura melodía.

Mi copa de vino sigue llena con su contenido carmesí pero grietas empiezan a aparecer en ella, el líquido contenido empieza a emanar y resbalar por mis dedos, un apagado gorgoteo empieza a invadir mis oídos, gritos de locura y caos empiezan a perforar mi tímpano. Todo se tiñe de un gris oscuro con perlas rojas flotando inmóviles por toda la taberna y todo desaparece.

Despierto.

Me encuentro encima de una montaña de cadáveres estrangulando a un completo desconocido el cual no me ha hecho jamás ningún daño, llora sangre, vomita sangre, suda sangre y acabo de partirle el cuello. Descansa tu que puedes amigo, parece que mi vida sigue empeñada en tomar sus propias decisiones sin tenerme en cuenta. Lo suelto y rueda montaña abajo, rebotando contra rostros contorsionados por el dolor, en grotescas posiciones. Se que he perdido el poder de decidir, sentado en mi trono de cadáveres putrefactos observo tranquilamente el páramo que se extiende ante mis pies, se asemeja a mi alma, vacío y yermo de vida donde solo florecen la sangre y desolación. El silencio es absoluto, las nubes danzan silenciosamente en su peregrinaje, impasibles e insensibles, quien pudiera tener semejante dicha.

Llueve y mi largo cabello se empapa, mi espada y mi cuerpo se limpian de la sangre de los caídos mis hermosas alas negras brillan con un resplandor violáceo y un rayo de sol ilumina mi rostro marcando mi estigma, unos cuernos semitransparentes refulgen adosados a mi frente.
Ya no es solo lluvia lo que recorre mis mejillas, lagrimas de tristeza se deslizan hasta mezclarse con las frías gotas. Empiezo a bajar de mi trono lentamente, sin apenas ver donde pongo mis pasos, toco el suelo y empieza de nuevo esa melodía, todo tiembla y el cielo se parte en dirección a la tierra, un cálido resplandor surge y aparece el que dice ser mi padre y creador, luminoso y puro blanco cegador. Otras voces le acompañan, está el panteón entero y me felicitan por mi actuación en estos nuevos "juegos", yo los miro, todos etéreos, los regentes de la Humanidad y todos los seres vivos. Me atraen hacia ellos, y me llaman su hijo predilecto, se que hay otros como yo. Me dicen que descanse, que dos juegos más y mis cuernos desaparecerán y mis alas se tornaran blancas, expiación por la sangre lo llaman, método de selección y entrenamiento para servirlos a ellos directamente.

Todos confían en mi y en mi futuro, pero lo que no saben o no recuerdan debido a su eterna egocentrismo y vanidad son dos cosas demasiado importantes.

Primera, es que a un dios se lo puede matar.

Segunda, no saben que yo tengo otros planes para ellos.

Mire hacia el campo de batalla antes de que la grieta se cerrara, sonreí y susurré:

- Serán otros los que caigan aquí, solo esperad.-

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