jueves, 10 de junio de 2010

Yo, Bardo.



Bendita opalescencia de un cielo nocturno despejado.
La escarcha se amontona dulcemente en mi regazo.
Observo la luna con la melancolía del que nunca ha perdido por nunca haber amado.
La soledad no es sino de todos mi más cobarde regalo.

Pero si mañana mi sombra no ves
Pero si mañana sientes que no estoy
No temas el ir a buscarme allá donde voy
Por que simplemente busco poner tu mundo del revés

Si no aprecias la nota de un laúd peregrino
Si no escuchas el sonar de mi voz cambiante
Si no ves mi rostro iluminado por luz vigilante
Aprende a ver con con la claridad con la que ve el caminante su camino

Mas no temas si pierdes mi guía
Teme si no escuchas la voz del antiguo y cansado árbol
Atiende de noche y de día
Pero nunca olvides mi alma de Bardo.



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